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Una de las opciones que los usuarios de centros deportivos tienen a su disposición es la actividad en el medio acuático, bien sea a modo de aprendizaje de estilos natatorios, de realizar actividades de fuerza o resistencia cardiovascular aprovechando la resistencia del medio acuoso, o como medio terapéutico o rehabilitador, pero ¿realmente conocemos los efectos beneficiosos que este medio nos aporta?

Los entrenadores que utilizan el medio acuoso en sus prescripciones de actividad física son conocedores de las ventajas que aporta y conscientes de los efectos fisiológicos que se producen.

Los principales efectos fisiológicos del ejercicio en agua caliente (35.5 – 36.6 grados) se refieren a la fase de inmersión, durante la cual se produce una elevación general de la temperatura corporal por efecto del calor del agua y de la contracción muscular durante los ejercicios. Esta elevación de la temperatura corporal produce un aumento del metabolismo, aumentando también las demandas de oxígeno y generando un incremento de anhídrido carbónico, trayendo como consecuencia la elevación de frecuencia respiratoria.

Cuando la temperatura del agua es próxima a la temperatura corporal,  se da lugar a una dilatación de los vasos sanguíneos superficiales y un aumento de la circulación periférica.

Un aspecto fundamental cuando trabajamos con personas mayores y adultos con una mala condición física, o personas que tengan o hayan tenido alguna cardiopatía, es el aumento proporcional que sufre la frecuencia cardíaca con respecto a la temperatura del agua y la intensidad del ejercicio, esto es fundamental teniendo en cuenta que suele ser el medio que el personal encargado de la prescripción,  indica como mejor opción a la hora de comenzar a realizar actividad física.

La realización de actividad física en un vaso con agua a temperatura cálida (suave), por personas que  padecen alguna radiculopatía, ciática o dolores musculares como lumbalgias o cervicalgias, tienen la oportunidad de beneficiarse de la repercusión que sobre las terminaciones nerviosas se produce, disminuyendo su sensibilidad y por lo tanto una sensación agradable de analgesia. Esto es así ya que al calentarse los músculos, por el mayor aflujo de sangre, el tono muscular disminuirá, efecto que agradecerán quienes tengan contracturas musculares, sobrecargas o cualquier proceso patológico que manifieste hipertonía muscular.

Al margen de las condiciones normativas en las que se trabaja en las piscinas de temperatura, tipo de vaso, profundidad del mismo en base a la actividad a la que se destine etc, el medio acuático posee una serie de características innatas que nos aportan beneficios cuando entrenamos en él.

La primera característica innata del agua es la hipogravidez, manifestada como flotación acuática, la cual queda explicada por el principio de Arquímedes, que manifiesta que cualquier objeto sumergido o flotando será empujado hacia arriba por una fuerza de sentido opuesto a la acción de la gravedad que será equivalente a la fuerza del peso del volumen de agua desplazada por dicho objeto.  Debido a esta característica vamos a poder tener el beneficio de entrenar con un disminuido impacto con el suelo, y con esto las tensiones sobre las articulaciones, se posibilitará la realización de ejercicio de forma más frecuente e incluso con sesiones más duraderas.

Gracias a esta característica, personas en fase de rehabilitación o con un desgaste importante articular y sus estructuras, podrán realizar actividad física con mayor seguridad, control y tranquilidad, ya que no debemos olvidar, que una caída en el agua no es igual que una caída fuera de la misma. Además otro aspecto relevante es la relajación de la musculatura debido a la disminución de la gravedad, ya que los husos musculares están menos excitados (Koury, 1998; Selepak, 2001), incluso esta distensión muscular también puede favorecer un mayor volumen inspiratorio (Sanders y Rippee, 2001).

Siguiendo en la línea anterior y la repercusión del medio acuático sobre el aparato respiratorio, al estar con el cuerpo sumergido, se produce una ligera presión sobre la superficie corporal, que inicialmente puede provocar cierta dificultad o molestia respiratoria, lo que en personas con cierto miedo o respeto por el agua puede llegar a agobiar, esto se debe a la presión hidrostática, característica innata que con el tiempo da lugar a una mejora de los músculos ventilatorios ( diafragmáticos, abdominales e intercostales), debido a la necesidad de vencer esa presión, así como un aumento de la capacidad ventilatoria.

La presión que ejerce el agua sobre nuestro cuerpo también nos aporta otros beneficios, como la ayuda en la estabilización de articulaciones inestables, lo que favorece los trabajos de propiocepción y mejora la circulación de retorno, lo que disminuirá los edemas y ayudará a comenzar antes lo procesos de recuperación en personas en fase de rehabilitación. Este medio ayuda a modo preventivo sobre el tratamiento de varices y flebitis.

En referencia al ámbito del deporte y el entrenamiento, la presión hidrostática se utiliza como medio de recuperación fisiológica, puesto que puede disminuir los productos de desecho, acelerar los procesos adaptativos y de supercompensación, y evitar la sensación de pesadez y sobrecarga muscular.

Por último nos centramos en la resistencia al movimiento que ejerce el agua sobre nuestro cuerpo, el cual como medio viscoso, nos dificulta el desplazamiento en él. Por esta circunstancia el trabajo de fuerza es evidente, y de ello se benefician personas con osteoporosis, ya que esta resistencia al movimiento facilita la deposición de calcio, y evita, a su vez, los impactos perjudiciales que se pueden producir fuera del agua.

Centrándonos en el aspecto muscular, el entrenar en agua implica un trabajo equilibrado entre el grupo de pares musculares, ya que la resistencia homogénea que existe alrededor del cuerpo, hace que para cualquier movimiento deban trabajar tanto los músculos agonistas (a la ida) como los antagonista (a la vuelta) mediante una contracción isocinética (aquella en la que la velocidad y la intensidad se mantienen constantes a lo largo de todo el movimiento).

Puesta en conocimiento esta información: ¿considerarás el medio acuático como una opción en tu entrenamiento?

Bibliografía consultada:

  • Colado,J. (2004). Acondicionamiento físico en el medio acuático, Barcelona: editorial Paidotribo
  • Jiménez,J (1998). Columna vertebral y medio acuático, Madrid: editorial Gymnos

Autor: Elías Fernández Martín

 

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